Preboda Juan y Prado

De las muchas metáforas que siguen a la definición de la palabra destino, hay una que me gusta especialmente:
El destino es un rio que fluye en una sola dirección. 
Independientemente de las interpretaciones que puede tener esa frase, lo que me interesa es el elemento agua, como protagonista de nuestro devenir. Por eso, en la preboda de Juan y Prado, quería que estuviera presente este ingrediente. Principalmente porque su relación se inició frente a este espejo de materia liquida, fue creciendo bajo el riego de una lluvia ocasional, y se fraguó al abrigo de un paraguas inglés. 
El agua actúa como espejo del alma. Mientras se encuentra serena y plácida, el reflejo es claro y nítido. El problema es cuando la tormenta, el aire o una piedra accidental, rompen su calma. El reflejo se vuelve borroso y distorsionado. Las ondas producidas se propagan, como una cruel enfermedad, llegando hasta los rincones y las orillas más alejadas de nuestro ser.Preboda Juan y Prado. Destino y agua Es aquí donde otra fuerza de choque debe compensar su efecto, volviendo a dejar las aguas en una apacibilidad propia de un mar sosegado y tranquilo.
Esa capacidad creo que solo lo puede tener una fuerza tan grande, como el amor incondicional de otra persona. Y es en este punto, Juan, donde espero que te des por aludido.
Confieso que cuando conocí a Juan y Prado, en la Boda de Guillermo y Ana Belen, y al ver como se miraban y sonreían, pensé egoístamente: “Espero que no estén casados, porque me encantaría conocerlos y ser su fotógrafo en ese día”. Lo que no esperaba es que tiempo después, me llamarían. Este hecho, suponía un nivel de exigencia mayor en mi fotografía, no solo técnicamente, sino conceptualmente. Por eso y por muchas razones más, doy gracias a ese rio llamado destino, que me ha dado la oportunidad de conocer y fotografiar la sonrisa, el cariño, y el amor de esta pareja.
Nos vemos cuando las mariposas salgan de sus crisálidas…