Fotografia infantil

Sesión de fotografía infantil

De todas las fotografías que he hecho este fin de semana, en varias sesiones de fotografía infantil, sin duda me quedo con esta.

Y no es porque las demás fotografías sean malas o el bebe de tan solo unos meses salga desfavorecido, esto es difícil la verdad, creedme; sino porque precisamente no hay caras guapas o feas, ni muecas, ni gestos faciales que gusten a unos si y a otros no. No se pueden etiquetar a los protagonistas, porque no hay un rostro con una fisonomía para analizar.

Sólo representa un momento, un mensaje, una emoción… y esta es la fotografía que busco y a las personas que la sepan valorar.

Momentos, mensajes y emociones los que sentí cuando, cargado con mi estudio portátil, unos padres me abrieron las puertas de su casa, me presentaron a su retoño, y poniéndolo en mis brazos, me invitaron a conocer a su bebe a través de mi cámara. Y esto para un informático renegado como yo, que proviene de ese mundo tan frío y superficial, significa llenar las “barritas” al máximo de creatividad, emoción e ilusión.
Gracias por los momentos vividos en estas apuradas sesiones, planificadas y desbarajustadas por vuestro “baby model” con sus extrañas costumbres de dormir hasta las tantas, llorar pidiendo el pecho, mear en la mesa del estudio, o reír sólo cuando dejaba a un lado la cámara.
Mil gracias… 😉

About the author

Los ingredientes del menú biográfico de este autor son: 6 cucharadas de informática desaliñada, 1/2 jarra de técnica fotográfica batida y bien fría, un buen chorrito de silencio oyente (del que no pica), unos trocitos de paciencia desmesurada, dos copitas de ilusión del Señorio del Buen Hacer, 1/2 Kg de humildad con mucha sencillez caramelizada, 2 Kg de creatividad macerada, un interés autodidacta bien molido de la marca "El Saber No Ocupa Lugar", una salsa preparada con verdes pirenaicos, amarillos manchegos, blancos andaluces, y azules cantabricos, 3/4 de solomillo de vive y deja vivir (bien limpio de vagos, cotillas y demás grasa inservible), una ración de cariño (del natural, no del congelado), 4 vasos de humildad con un punto de petulancia vaporizada, y todo ello aderazado con romero, mucho romero...

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