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Un instante fugaz, un abrazo cómplice.
Padre a hija, hija a osito. Hay una linea imaginaria trazada de arriba a abajo y que el cordón de la chaqueta ayuda a reforzar, desvelando el mensaje de la fotografía.
Son momentos únicos que no pueden competir con ningún posado en estudio.

Intentar recrear este instante en condiciones de luz controladas, con un precioso fondo artificial, con las típicas telas de terciopelo arrugadas, y disfrazando a la niña con algún vestidito mono y divertido es cuanto menos, hacer fotografía sin significado, sin recuerdo y con una importante carencia de alma. Dejaremos estas fotos para el anuario, las matriculas o las orlas infantiles en los colegios.

Para conseguir fotos auténticas, hay que saber esperar el instante y encontrar gente que realmente lo sea. Esto es lo que voy buscando y esta es la fotografía que me llena.

About the author

Los ingredientes del menú biográfico de este autor son: 6 cucharadas de informática desaliñada, 1/2 jarra de técnica fotográfica batida y bien fría, un buen chorrito de silencio oyente (del que no pica), unos trocitos de paciencia desmesurada, dos copitas de ilusión del Señorio del Buen Hacer, 1/2 Kg de humildad con mucha sencillez caramelizada, 2 Kg de creatividad macerada, un interés autodidacta bien molido de la marca "El Saber No Ocupa Lugar", una salsa preparada con verdes pirenaicos, amarillos manchegos, blancos andaluces, y azules cantabricos, 3/4 de solomillo de vive y deja vivir (bien limpio de vagos, cotillas y demás grasa inservible), una ración de cariño (del natural, no del congelado), 4 vasos de humildad con un punto de petulancia vaporizada, y todo ello aderazado con romero, mucho romero...

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